El primer vestigio documentado de publicidad propiamente dicha, lo constituye un papiro egipcio de tres mil años de antiguedad, en el que un tejedor anuncia que en su tienda "se tejen las más bellas telas al gusto del cliente".
Después de más de 3,000 años, la publicidad se sigue reinventando a sí misma día con día, sigue mostrando el mismo ímpetu que tuvo a su inicio y lo más importante, la publicidad sigue confirmando que el único límite es la propia imaginación, y ese es nuestro instrumento de trabajo.
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